Día del campesino: una historia de lucha

                                                                                          Por: Alexander Cambero

En los surcos del campo se creó la nación olvidada. El fuego de fusiles que disparaban en la búsqueda de la libertad terminó logrando una independencia que dejó al campesino como un ser al cual los distintos gobiernos no le dieron mayor importancia.

En el poder cambiaron los apellidos y sus apetencias. Sin embargo, los campesinos siguieron siendo los últimos eslabones de una cadena de intereses.

El maestro Rómulo Gallegos fue un hombre que penetró la patria recóndita, en su rol como escritor, sostenía: “Venezuela tiene que reivindicar al campesino.”  Su amor por las tierras ignotas, que millones de compatriotas desconocían, lo hizo un embajador que abrió puertas en la conciencia de una nación. En su obra cumbre, Doña Bárbara, publicada el 15 de febrero de 1929, planteaba, entre otras cosas, la desigualdad en el campo venezolano. Las enormes injusticias sociales que hicieron de los hombres bestias que masticaban pobreza.

Fue así como el 19 de octubre del año 1948, el presidente Rómulo Gallegos, ponía el ejecútese a la ley de Reforma Agraria. Se crea el Instituto Agrario Nacional (IAN). Era la primera vez que un gobierno se ocupaba de brindarle una herramienta jurídica que garantizaba equidad al campesino.  

Desafortunadamente, el golpe de estado del 24 de noviembre de 1948 acabó con aquella ilusión. Un oscuro túnel dictatorial se atravesó en el proyecto reivindicativo.

Caída la tenebrosa experiencia, la gestión democrática del presidente Rómulo Betancourt se propuso, como primera acción del gobierno democrático, un verdadero acto de justicia.  El 5 de marzo de 1960, en el Campo de Carabobo, se ponía en marcha la Ley de Reforma agraria. Allí donde conquistamos la libertad se le daba el ejecútese a una segunda independencia, que protegía a los mayores desasistidos de nuestra historia, las principales víctimas de las injusticias y el latifundio.

En Carabobo la nación se reencontró con ella misma. La democracia unía a sus hijos, honraba un compromiso de siglos. Los campesinos enarbolaban las mismas banderas que alzaron nuestros héroes.

Una voz autorizada

En el marco de un nuevo aniversario del Día del Campesino en Venezuela, conversamos con el reconocido ingeniero agrónomo  Werner Gutiérrez Ferrer. Su experiencia es amplia. Fue decano de la facultad de agronomía de la universidad del Zulia. En la actualidad sigue siendo profesor de esa casa de estudios. Además, asesora una buena cantidad de gremios, es conferencista habitual de encuentros agrícolas. Igualmente conduce un prestigioso programa de radio en la ciudad de Maracaibo. Con suma gentileza nos fue dejando sus reflexiones sobre el mundo rural.

¿Por qué se conmemora el Día del Campesino?

El 5 de marzo de 1970 el presidente Rafael Caldera decreta el día del campesino. Al cumplirse diez años de la promulgación de la Ley de Reforma Agraria en el Campo de Carabobo. El primer mandatario nacional Rómulo Betancourt, fue el encargado de hacer justicia en esa oportunidad. Luego, la continuidad administrativa democrática en manos del primer dignatario socialcristiano reconocía la gesta civil más importante de la historia. Era un tributo que se les rendía a los hombres y mujeres del campo, que con su esfuerzo contribuían  con el engrandecimiento de la nación.

¿El campesino solo es el pequeño productor?

Es un error instalado desde hace décadas, según el cual: campesino solo es el pequeño productor.  Realmente todo productor del campo, sean pequeños, medianos y grandes llevan ese honroso nombre. Sean estos quienes cultivan la tierra o se dediquen a la cría. Esa jerarquización, nacida desde la experiencia latifundista, debe ser desterrada para lograr mayor equidad.

¿Qué se logró con la reforma agraria?

Sin lugar a dudas la Ley marca un antes y un después en la agricultura venezolana. Desde la década del sesenta hasta la llegada de Hugo Chávez al poder, hubo un avance importante en el sector. Se puede demostrar estadísticamente el crecimiento sostenido en rubros importantísimos para le economía endógena como el maíz y el arroz. El crecimiento sostenido de nuestros rebaños bovinos. Asimismo el acompañamiento técnico con programas destinados a cubrir todo el territorio nacional. El desarrollo de grandes extensiones de riego en diferentes zonas de Venezuela. Las vías de penetración rural y con ellas llegaron la escuela y la medicatura.

Los organismos crediticios funcionaban. La investigación logró un banco de datos, potencialidades y oportunidades que fue la envidia en el hemisferio. La nación logró autoabastecerse en importantes rubros. Además,  los excedentes fueron al mercado internacional. El desarrollo en el campo fue logrando importantes éxitos. El sueño de no depender de la renta petrolera parecía estar a las puertas, lamentablemente una visión anacrónica llegó al poder.

¿Qué pasó después?

El gobierno de Hugo Chávez se levantaba sobre una supuesta bandera de defensa del campesino. El gobierno revolucionario promulga la Ley de Tierras en el año 2001. Como gancho para atrapar incautos hablaban de la justa distribución de la tierra. Se hace una campaña, para los que al entender del chavismo, era latifundio en Venezuela. Como esa Ley tenía demasiados vacíos importantes, nunca se reglamentó la aplicación del instrumento legal, jamás explicaron que era latifundio para ellos. Simplemente se levantó esa bandera con fines proselitistas.

¿Cómo está el campesino hoy?

El campesino venezolano después de veintiún años de promulgada esa Ley. Con casi veintitrés de experiencia Chávez- Maduro se siente defraudado. Lejos de  haber realizado una distribución de la tierra que verdaderamente reivindicara el espíritu de la justicia, hizo que naciera una casta boli burguesa amparada por ser el gobierno mismo apoderándose de todo.

Grandes extensiones de tierra ahora son parte de la fortuna mal habida de militares, políticos y gente de dudosa reputación. Oscuros personajes que forman parte del entorno en Miraflores.

Por otra parte, el estado venezolano es el mayor terrateniente de la nación. Cerca de seis millones de hectáreas fueron confiscadas a sus legítimos dueños. Los  gobiernso de Chávez y Maduro levantaron una bandera en contra el latifundio. Ahora son ellos los verdaderos latifundistas. Grandes hatos que estaban completamente productivos, hoy son espacios llenos de maleza. Ante esta realidad tenemos que decir que el campesino venezolano vive hoy en peores condiciones que antes de la llegada de Hugo Chávez al poder. Y lo decimos no solo por no tener acceso a tierras, sino por carecer de créditos agrícolas. Ningún país puede crecer sin financiamiento bancario. Tenemos más de tres años sin este tipo de apoyo. Acá se desmontó el apoyo técnico.

¿Cómo hace el campesino para mantenerse?  

El campesino venezolano trabaja con las uñas. Solo el deseo de mantener a su familia, el profundo amor que tienen por la actividad, que nació por herencia familiar, lo que los sostiene. Son los tercos del campo que creen en la recuperación de la patria. Ese esfuerzo titánico abre caminos para la esperanza. Son los campesinos del sector privado los que se alzan para mostrar una posibilidad. Todos los planes gubernamentales han fracasado, este gobierno estafó al campo.

¿Qué hacemos?  

Según algunos, poseemos más de treinta millones de hectáreas para la producción. Solo utilizamos un 25 por ciento. Somos una de las naciones con mayores reservas territoriales del planeta. Esa es una gran oportunidad, pero para cambiar esto: tenemos que transformar el campo venezolano. Que podamos cambiar una visión anacrónica por aquella que tenga en la inversión vigorosa, la implementación de nuevas tecnologías, el plan rector de un proyecto nacional que redunde en el apoyo campesino.

El mejor homenaje que podemos brindarle a la gente del medio rural es apuntalarlos. Darles herramientas para que la semilla pueda brindar su fruto.     

Etiquetas: Sin etiquetas

4 respuestas

Leave A Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *